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Blockchain pública o privada: qué red elegir para un banco

Durante años la respuesta habitual de la banca a la pregunta de qué blockchain utilizar fue una red privada, controlada por la propia entidad o por un consorcio. Las redes públicas se veían como un entorno ajeno, sin un responsable claro y con riesgos difíciles de explicar al supervisor. Esa visión ha cambiado. Hoy algunas de las mayores entidades del mundo operan en redes públicas, otras mantienen redes privadas y muchas combinan ambas.

Este artículo explica las diferencias entre los dos tipos de red, qué están haciendo las entidades de referencia y qué criterios suelen decidir la elección.

Qué distingue a una red pública de una privada

En una red pública, como Ethereum, Solana o Polygon, cualquiera puede ejecutar un nodo y validar transacciones según las reglas del protocolo. Las transacciones son visibles para todos, los activos pueden circular entre cualquier participante de la red y ninguna entidad controla por sí sola su funcionamiento.

En una red privada o con permisos, como las basadas en Hyperledger Besu configurado de forma privada, solo participan los nodos autorizados por quien gobierna la red. La entidad o el consorcio decide quién valida, quién lee y quién opera. La privacidad y el control son mayores, pero los activos solo circulan entre los participantes admitidos.

Entre ambos extremos existe una opción cada vez más utilizada: activos con permisos sobre redes públicas. El token vive en una red pública, pero su contrato solo permite tenerlo o transferirlo a wallets previamente verificadas. La red es abierta; el activo, no.

Qué están haciendo las entidades de referencia

Las decisiones recientes de algunas entidades muestran que no hay una única respuesta:

  • JPMorgan opera desde 2015 su propia red privada a través de Kinexys, sobre la que lanzó JPM Coin en 2019. En noviembre de 2025 puso a disposición de sus clientes institucionales JPMD, un token de depósito en dólares desplegado en Base, una red pública, que solo puede transferirse entre wallets autorizadas.
  • Société Générale, a través de SG-FORGE, lanzó en 2023 su stablecoin en euros EURCV sobre Ethereum y la ha extendido después a Solana, XRP Ledger y Stellar, todas redes públicas.
  • DTCC utiliza para su servicio de tokenización dos redes a la vez: Hyperledger Besu para los casos que requieren una red privada y Canton Network para la interoperabilidad entre instituciones.
  • 21X, la primera infraestructura autorizada en la Unión Europea para negociar y liquidar valores tokenizados bajo el Régimen Piloto DLT, opera sobre Polygon, una red pública, con acceso limitado a wallets verificadas.

La tendencia es clara: las redes públicas han pasado a formar parte de la infraestructura de la banca, normalmente con controles de acceso en el propio activo.

Comparativa entre los modelos

CriterioRed privadaRed públicaActivo con permisos en red pública
Quién validaNodos autorizadosCualquier participanteCualquier participante
Quién puede tener el activoSolo participantes de la redCualquieraSolo wallets verificadas
Visibilidad de las operacionesLimitada a los participantesPúblicaPública
Interoperabilidad y liquidezLimitada a la redAmpliaAmplia, dentro de los permisos
Gobernanza de la redLa entidad o el consorcioEl protocoloEl protocolo, con reglas del emisor en el activo
Coste de mantener la redLo asume la entidadComisiones por transacciónComisiones por transacción

Privacidad: la objeción más frecuente

La principal objeción a las redes públicas es la visibilidad. Cualquiera puede consultar los saldos y movimientos de una dirección. Para un banco, que una dirección pueda asociarse a un cliente concreto es un problema de confidencialidad y, en algunos casos, de protección de datos.

Hay formas de mitigarlo. En un modelo de wallets ómnibus, las posiciones de muchos clientes se agregan en pocas direcciones y la atribución individual reside en el registro interno del banco, no en la red. Las transferencias entre clientes de la misma entidad pueden reflejarse solo en ese registro, sin generar una transacción visible. Y los movimientos que sí salen a la red se identifican por dirección, no por cliente.

Cómo decidir

Algunas preguntas ayudan a orientar la elección:

  • ¿Con quién tiene que circular el activo? Si debe poder llegar a otras entidades, exchanges o aplicaciones, una red privada limita su alcance.
  • ¿Qué activos se van a ofrecer? Las stablecoins y muchas acciones tokenizadas existen en redes públicas concretas, y el banco necesitará operar en ellas para custodiarlas.
  • ¿Qué nivel de confidencialidad exige el producto? El modelo de wallet y los permisos en el activo resuelven buena parte de los casos.
  • ¿Quién asume el coste y la gobernanza? Una red privada exige mantener nodos, actualizaciones y acuerdos con los demás participantes.

En la práctica, muchas entidades acabarán operando en varias redes a la vez, como ya hacen DTCC y Société Générale. Por eso conviene que la infraestructura no esté atada a una sola red: que pueda custodiar activos en distintas cadenas con las mismas claves en los HSM del banco, los mismos controles y el mismo registro interno.

En Finhattan desplegamos dentro de cada banco una infraestructura que opera sobre las redes que elija la entidad, públicas o privadas, con las claves en sus HSM y su registro interno integrado con el core. Se describe en cómo trabajamos y en seguridad y control.

Para una entidad que esté valorando qué redes utilizar, el punto de partida está en contacto.

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